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El Ministerio del tiempo: la joya de la corona de TVE

‘El ministerio del tiempo’  está en la recta final de la que es, sin lugar a dudas, su mejor temporada. Aunque aún es pronto  para hacer una valoración ya que aún quedan 2 capítulos para poder cerrar ola temporada, es de imposible no reconocer que la serie ha evolucionado hasta posicionarse en el Olimpo.

Hasta hace relativamente poco, parecía imposible que TVE lograra volver a conquistar al público joven y volverlo a sentarse frente al televisor. Afortunadamente, llegaron ‘El ministerio del tiempo y ‘Estoy vivo’ para cambiar esa tendencia.

Una de las claves de ‘El ministerio del tiempo’ es que es una serie que aúna la función de servicio público. En una TVE sin publicidad, TVE debería primar ofrecer productos diferentes que no tengan cabida en las cadenas privadas ni en las plataformas y sin importar la audiencia en directo que obtengan. ‘El ministerio del tiempo’ cumple perfectamente esa función: es servicio público porque promociona nuestra cultura, entiéndase por cultura: arte, cine, teatro y libros, porque es la serie que nos enseña nuestro pasado para que podamos entender nuestro presente y porque nos invita a pensar. ‘El ministerio del tiempo’ es una serie para reflexionar sobre nuestra propia esencia y la que mejor nos presenta ya que en el fondo nos duele a todos nos duele lo que pasa en nuestra tierra.

Irene Larra: un personaje que irradia luz

La otra clave sobre la que se sustenta la serie es en sus personajes femeninos. Aquí no se necesita ninguna frase llamativa para hablar de sororidad ya que aquí hemos visto crecer a cada uno de los personajes femeninos a lo largo de las 4 temporadas. Si hubiera que ejemplificarlo en un personaje sería el de Irene Larra. la primera vez que la conocimos fue otra vez de los ojos de Julián, el cual fue el primero en detectar, incluso antes que ella misma, la inteligencia y sobre todo lo buen amiga que Irene es. Ambos forjaron una amistad llena de confianza ya que, aunque otras ficciones no lo incluyan, es posible tener una relación de amistad entre hombre y mujer. Fue Julián, el primero en confiar en ella tras su traición. Y es que ambos, Julián e Irene, pasaron por algo similar: una crisis de identidad que les llevó a querer cambiar las cosas en El ministerio. Y ambos acabaron dándose cuenta: que El ministerio es su familia. Y en el caso de Irene, es donde ha demostrado que puede ser uno de los mejores escuderos de Salvador, y una magnífica líder para la patrulla. mucha gente podía pensar que iba a ser difícil encontrar un recambio a Amelia en la patrulla. Pero es que Irene no es ningún recambio, Irene siempre ha estado ahí y su inclusión en la patrulla, que ya empezamos a ver en temporadas anteriores, ha sido algo natural.

Ella al igual que Amelia basa su liderazgo en su inteligencia. Irene al frente de la patrulla ha demostrado que para mandar no se necesita dar órdenes, algo que ya demostró Amelia, sino involucrar al equipo en la misión. Y además, tiene una cualidad que la hace a ella única, y es que sabe muy bien captar el interior de la gente y eso lleva a que sepa integrarse e interactuar con todos. E incluso, a veces las misiones le facilitan poder encontrar un pequeño desahogo  para su corazoncito. Y sobre todo es leal a los suyos y una amiga, que siempre está ahí cuando se la necesita.

La emotividad que rodea a la serie

La serie no ha cambiado en absoluto en estas 4 temporadas. ya que mantiene su esencia. y es que siempre han sabido abordar cualquier tema desde la emotividad. Esa emotividad que nos llevó en la primera temporada a llorar con la despedida de Julián y Lorca cuando éste estuvo a punto de revelarle el cruel destino que le esperaba. Y es que esa emotividad retorna en el reencuentro de ambos. Y es que el reencuentro no podía ser más grandioso: en sueños para traer a Julián de vuelta, y hacer que el espectador se estremezca cuando Julián le desvela a Lorca su cruel destino. Éste en vez de maldecir, comprende que a veces, es mejor no cambiar la historia ya que aunque esté muerto: su obra y con ello él están más vivos que nunca en el mundo.

 

Esa emotividad que hubo en la primera y segunda temporada al hablar de los grandes olvidados de la historia en el capítulo de los últimos de Filipinas regresa de nuevo pero para emocionarnos otra vez de las conversaciones de Alonso y el duque de Alba, y de Salvador- Alonso al hablar de lo injusta que es España con sus grandes héroes. a los que abandona a su suerte. Es lo duro de ser españoles ya que vivimos al límite y nos duele ver como nuestros héroes acaban cayendo en desgracia.

Y es que la serie siempre ha dado mucha importancia a las emociones, no sólo de sus personajes, sino también de su entorno. Hay constantes paralelos en torno a cómo las emociones personales envuelven e incluso crean problemas a los personajes durante las misiones. Si en la temporada 3 Amelia se vio envuelta por problemas familiares y tuvo que lidiar con el dolor de perder a su padre, Alonso en esta temporada se ha visto envuelto en los problemas de lidiar con la paternidad y en el caso de Pacino; con los problemas de su relación con Lola y con la enfermedad de un amigo. Esa emotividad que lleva a su culmen en el final del primer capítulo con ‘Life on Mars’, un claro canto a la vida de Pablo Olivares, emociones similar, aunque no tan profundas,  que sentimos cuando en la segunda temporada nos despedimos de «El Cid». La única diferencia es que esta temporada: la forma de transmitirnos esa emotividad ha llegado a un nivel de profundidad extraordinario. Y es que sin duda, esta serie está escrita desde las entrañas, desde el corazón. Hay cada verdad, hay cada dolor en cada una de las frases, que es imposible no romperse con los personajes en determinados momentos.

Los grandes temas

La otra constante de la serie, aparte de los viajes en el tiempo, son los grandes arcos de cada temporada. La primera temporada tenía como gran epicentro;: la muerte, la de Maite y la forma de tratar la muerte de Lorca, y la idea de traición: la de Irene al ministerio. En la segunda se introdujo por primera vez el tema de que el destino no está escrito sino que lo vamos escribiendo nosotros a medida que tomamos decisiones. También en la segunda se trató el tema de la libertad: en el caso de la falta de libertad en el capítulo en que la patrulla tuvo que enfrentarse a un mundo sometido a un gobierno despótico y tirano. Y es que fue la primera vez que la serie apostó por una distopia, que llevó a sus espectadores a reflexionar sobre la importancia de la libertad. Y la 3 temporada exploró a través de la joven Lola Mendieta otra vez el tema de que el destino no está escrito y es que al igual que Amelia: Lola va escribiendo su destino a cada capítulo.

Y en esta 4 temporada el eje vuelve a reposar otra vez hacia las ideas de la libertad: la de cada uno de los personajes eligiendo libremente el destino que quieren, sobre la vida y muerte como cuando contrasta la noticia de que el amigo de Pacino es seropositivo con el momento en que Almodóvar conoce a Antonio Banderas. Y nuevo en el capítulo de esta semana sobrevuela el tema de la traición en torno a Lola Mendieta. y de nuevo tenemos un pequeño paralelo con la primera temporada: en aquella época fue Julián el primero en abrirse a Irene y percatarse de que había algo más que una traidora en ella. Y es que otra vez Julián acabará viendo que la joven Lola Mendieta no es la misma persona que él conoció de mayor.

Y es imposible no hablar del gran tema sobre el que siempre ha girado la serie: ¿se puede cambiar el pasado?. Y en la mayoría de los casos, la respuesta es que no. Y es que en la primera temporada comprobamos que por intentar salvar a Maite, Julián acaba siendo el responsable de la propia muerte de su mujer. Y en ese momento entendemos que la muerte de Maite era algo que tenía que pasar,que era imposible cambiar su destino. Y es probable que la razón sea porque sin esa muerte, los caminos de Julián y El ministerio nunca se hubieran cruzado.

En la segunda temporada se retoma el tema con el padre de Pacino: llegando Pacino a cambiar la muerte de éste, sin apenas grandes cambio. Aunque luego en ‘Cambio de tiempo’  ‘El ministerio vuelve a retomar la misma idea en una distopia en el que Felipe II cambia el pasado y «futuro» creando un mundo sin libertad en el que todos tienen que callar lo que de verdad piensan y ninguno es feliz. Y ahora en esta 4 temporada el tema se retoma de nuevo y es que Salvador se saltó todas las reglas para reclutar a Lola Mendieta unos años antes. Y aunque durante la tercera temporada parece que todo salió bien, en esta cuarta temporada el destino ha vuelto a mostrar su lado oscuro y Lola Mendieta ha caído en las manos equivocadas otra vez. ¿Será el momento en que empiece su cambio de bando o tal vez el destino de ella sigue sin estar escrito?. Pero no sólo,  en este último capítulos vemos que las decisiones de Salvador de cambiar el destino de Lola Mendieta pueden tener consecuencias, también la decisión de Lola Mendieta de querer salvar a un «amigo» tiene una nefasta consecuencia: él muere antes. Es como si cualquier cambio que hagamos en nuestro pasado, por bueno que nos parezca en principio, puede tener un resultado dramático y es que tal vez: los errores del pasado son los que nos hacen ser lo que somos ahora.

La evolución de los personajes

Si algo caracteriza a la serie son sus personajes: son poliédricos, evolucionan en cada temporada. Uno de los mejores ejemplos es Alonso. Ese hombre criado en los tercios, era un hombre reacio a que una mujer acabase siendo líder de un grupo de hombres. Pero enseguida se dio cuenta de la valía y de la inteligencia de Amelia y la aceptó como jefa. Posteriormente, descubrimos que era un amigo leal, honesto y con un gran dolor: no haber podido disfrutar de su familia. Y ahora en esta cuarta temporada el «escudo de la patrulla» se nos presenta como un hogareño padre de familia, que aboga por compaginar familia y trabajo o como dice Salvador: ha militado en los sindicatos. Aunque sigue siendo ese hombre leal, que no entiende que la propia patria por la que se deja la piel en cada misión: sea capaz de abandonar a sus hombres. Y sobre todo: es el buen amigo, capaz de volver al trabajo para reencontrarse con Julián.

El otro personaje que ha experimentado un gran y notable cambio es Julián. Este hombre se nos presentaba en las dos primeras temporadas como un hombre golpeado por la tragedia: la muerte de Maite. Él estaba roto por el dolor y era incapaz de lidiar con ese inmenso dolor. Su obsesión por recuperar a Maite le llevó a intentar cambiar su destino y a sumirlo en una nueva depresión al comprender que nada podría devolverle a la mujer que amó. Cuando parecía que empezaba a lidiar con ese dolor, y a ser capaz de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida: «murió» sin que pudiéramos ver como ese personaje sin luz iba recuperando la luz de nuevo. Y en esta cuarta volvemos a tenerlo de vuelta: desmemoriado y lidiando con los pequeños recuerdos que afloraban a su mente. Gracias a la ayuda de Amelia, Julián regresa pero esta vez habiendo superado la etapa de duelo. Pero el que haya superado el dolor de Maite no significa que Maite deje de existir en la vida de Julián. Ella, como nos pasa a todos los que hemos perdido a un ser querido, seguirá presente de alguna manera en su vida, sólo que esta vez sin causarle dolor. Ahora Julián, es un hombre nuevo, que es capaz de reír, de ver el lado bueno de las cosas y quiere seguir viviendo. Y eso ya es un triunfo en un personaje que parecía más feliz conviviendo en las tinieblas. En cierta forma, Julián y su trama han servido para trasladar a los espectadores lo que es el proceso de duelo: algo muy difícil con el que lidiar y que conlleva mucho tiempo dejar atrás y creo que en cierta forma.: Javier Olivares ha podido verter en él: todo lo que su corazón estaba sufriendo en un momento muy complicado de su vida. Y por ello: hay tanta verdad, tanto dolor en muchas de las conversaciones de Julián acerca de la muerte.

Y en el caso de Lola y Pacino, su cambio ha ido tendente en hacerlos más maduros, más conscientes de sus actos. Durante la segunda temporada: Pacino aportó frescura, espontaneidad, acción, thriller y comicidad. Y es que con la entrada de Pacino llegaron los capítulos más divertidos de ‘El Ministerio del tiempo’. Pero pronto supimos que él también sus propios demonios: el suicidio de su padre. Y en cierta forma un sentimiento de soledad, de no abrirse a los demás. También nos regaló Pacino la mejor amistad de la serie: la amistad de Alonso y Pacino: donde ambos son capaces de hablar con el otro de todo, mujeres, de la visión que tienen del mundo. Y Pacino ahora es un personaje más maduro, capaz de reflexionar y que tiene que lidiar con los problemas que su relación con Lola le está trayendo ya que él no es bueno lidiando con sus sentimientos. Y Lola, que es la más segura de los dos, lleva desde la tercera temporada tratando de abrirse un hueco en el equipo. Y es que ella no lo tiene nada fácil: su pasado, concretamente el de su yo mayor: que traicionó al ministerio, juega en su contra. Pero sigue siendo: una mujer luchadora, que lo único que desea es hacer lo que ella considera que es justo en cada momento

En definitiva, ‘El Ministerio del tiempo’ no ha cambiado en estas cuatro temporadas,. la serie sigue pivotando sus capítulos en torno a los personajes, la emotividad.  Y lo único que ha hecho es evolucionar, dar un paso adelante y hacer un poco más compleja la serie cada temporada, añadiendo capas a los personajes. Pero nunca traicionando la esencia de los mismos. Se trata de una serie que está muy trabajada desde el punto de vista del guión: sus diálogos acertadas ayudando a su vez a profundizar y conocer más aspectos de los personajes. Y sobre todo, cumple una labor de divulgación por la que debería tener garantizada una nueva temporada. Y es que ‘El Ministerio del tiempo’ no sólo enseña sino que también entretiene. Y va camino de convertirse en el verdadero buque insignia de TVE. 

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